17 feb. 2012

La librería que aún sostiene la esperanza


Barnes & Noble, el gigante que contribuyó a llevar a la quiebra a numerosas librerías independientes, ahora se encuentra atrapado en una pelea por la vida. Y su Nook, soñado en secreto por sus ingenieros en una antigua panadería, es en este momento la gran esperanza electrónica de Barnes & Noble y, a decir verdad, de muchos en el negocio de los libros.

El Nook, y por extensión, Barnes & Noble, parecen ser por momentos las únicas cosas que quedan en pie entre las editoriales de libros tradicionales y el olvido. En las grandes editoriales ­nombres como Macmillan, Penguin y Random House- el destino a largo plazo de Barnes & Noble, la última gran cadena de librerías, crea cierta
sensación de incomodidad.

Primero, las mega-librerías aplastaron a los actores pequeños.

A continuación fueron devoradas las cadenas cuando los consumidores se volcaron a la Web.
Nadie supone que Barnes & Noble desaparecerá de la noche a la mañana. La preocupación es que vaya marchitándose lentamente a medida que los lectores adoptan los libros electrónicos. ¿Qué pasaría si Barnes & Noble se convirtiera en poco más que un café y un punto de conexión digital? Esos temores son los que entraron en acción a comienzos de enero, cuando la empresa proyectó que este año perdería aún más dinero del que había previsto Wall Street. Ese día, el precio de la acción se desplomó 17%.

Al acecho detrás de todo esto está Amazon.com, la fuerza dominante de los libros online. Muchos ejecutivos, editores y publicistas de la industria editorial ven a Amazon como un enemigo que, de no ser controlado, podría hacer peligrar tanto su sector como su sustento.

Los editores de libros están bajando costos y recortando personal. Los libros electrónicos viven un boom, pero no muchas editoriales quieren que los libros electrónicos dominen a los impresos. Jeffrey P. Bezos, el director ejecutivo de Amazon, quiere prescindir de la intermediación ­es decir, las editoriales tradicionales- publicando directamente libros electrónicos.

Es por eso que Barnes & Noble ahora resulta tan crucial para el futuro de la industria. En muchas plazas, Barnes & Noble es el único comercio minorista que ofrece una amplia selección de libros. Si le sucediera algo, Amazon podría volverse aún más poderoso.

William J. Lynch, el máximo responsable ejecutivo de Barnes & Noble, dice en cambio que él está dispuesto a dar batalla. Con tres años completos en la venta de libros, Lynch tiene que imaginar un número de equilibrismo: debe diseñar un futuro digital para Barnes & Noble sin abandonar su pasado de la copia en papel, todo eso en tanto el beneficio y el precio de la acción de la empresa se hallan bajo presión, sus clientes huyen a la Web y Amazon da vueltas a su alrededor.

Lynch dice que Barnes & Noble es, en realidad, una empresa de tecnología. No importa que tenga 703 librerías tradicionales y que funcione en los 50 estados. (Y, dentro de poco, los ejecutivos llevarán el Nook al exterior. La primera escala está prevista en las librerías Waterstones de Gran Bretaña.) Para deleite de las editoriales, él entró fuerte con los libros electrónicos y, gracias a las buenas críticas que recibió el Nook, hasta pudo arrebatarle una considerable participación en el mercado a Amazon. De todos modos, Barnes & Noble está valorada en US$ 719 millones.
Amazon, de Bezos en US$ 88.000 millones.

"Podríamos quedarnos sentados aquí y golpearnos la cabeza contra la pared", dijo Lynch, de 41 años, refiriéndose a la caída del precio de la acción de la empresa. Pero sostiene que entrar en los libros electrónicos con el Nook es la forma correcta, y quizá la única, de salir adelante.

Antes de entrar en Barnes & Noble en 2009, Lynch no había vendido un libro en toda su vida. Llegó al cargo desde IAC/InterActiveCorp, donde trabajó en HSN.com, el punto de venta online de Home Shopping Network, y Gifts.com.

Y a pesar de eso, en tres años, ha conquistado un número notable de admiradores en las jerarquías más altas del mundo del libro.

Los editores de Nueva York no se cansan, en su mayoría, de decir cosas buenas de él: inteligente, creativo, con buen manejo de la tecnología. También ayuda el hecho de haber podido forjar las relaciones más amistosas que han mantenido las editoriales y Barnes & Noble en los últimos tiempos. Después de todo, están juntos en esto.

Lynch, que creció en Dallas, Texas, y tiene el ritmo intenso de la gente que trabaja en tecnología, dice que la idea de que con dispositivos como el Nook, el Kindle y el iPad de Apple las librerías se volverán obsoletas es absurda.
"Nuestras librerías no se van a ninguna parte", dijo. Se refirió a la temporada de las fiestas diciendo que fue sorprendentemente fuerte.

Y en el segundo semestre de 2011, Barnes & Noble absorbió un pedazo grande del negocio de Borders, su rival derrotado.

Una buena noticia para la empresa es que ahora tiene un 27% del mercado del libro electrónico, dijo Lynch. Amazon tiene el 60% por lo menos.

William J. Lynch, máximo responsable ejecutivo de Barnes & Nobles, trata de reducir la participación de su rival Amazon en el mercado del libro electrónico sin por ello descuidar sus librerías tradicionales.

Barnes & Noble no tiene exactamente el atractivo (o el dinero) de, por ejemplo, Google o Facebook.

"No vemos todo el surtido y el sushi bar gratis y todo lo demás que hay en Google, pero hay mucha responsabilidad", dijo Bill Saperstein, de 62 años, que trabajó para Steven P. Jobs durante siete años y ahora es vicepresidente de ingeniería de hardware de productos digitales en Barnes & Noble. "Se trataba de algo en lo que yo creía firmemente, que era la lectura".

Barnes & Noble está tratando de golpear a Amazon con otro dispositivo. En sus laboratorios de Silicon Valley el mes pasado los ingenieros dieron los toques finales a su quinto dispositivo de lectura electrónica. Y Lynch viene trabajando para modernizar las librerías Barnes & Noble.
El año pasado, la empresa amplió secciones para juguetes y juegos y agregó nuevo espacio de exhibición para el Nook. Lynch espera eliminar en un plazo de dos años las secciones dedicadas a música y DVD. También proyecta experimentar con librerías un poco más pequeñas.

Algunos analistas se preguntan si Lynch no está abarcando más de lo que puede apretar. Pero es probable que Barnes & Noble deba adaptarse a las nuevas realidades, o morir en el intento. "Creo que se dan cuenta de que no pueden seguir al ritmo que están yendo", dijo Jack W. Perry, consultor en el área editorial. "Necesitan más dinero para invertir, para competir".

Desde 2002, EE.UU. perdió aproximadamente 500 librerías independientes. Unas 650 desaparecieron cuando Borders quebró el año pasado. Ha habido editoriales de Nueva York que intentaron imaginar el sector sin Barnes & Noble, y el pensamiento no es reconfortante: habría menos lugares para vender libros.

Las librerías independientes representan menos del 10% de la actividad, y las tiendas con grandes descuentos ofrecen una selección de libros mucho más reducida que las librerías tradicionales.

Sin Barnes & Noble, la propuesta de marketing de las editoriales se derrumba. La idea de que las editoriales pueden detectar, moldear y publicitar talentos nuevos, y después conseguir que alguien compre libros a precios que respondan a una lógica económica, de golpe parece lejana. Comercializar libros a través de Twitter, y depender de las reseñas, la publicidad y quizás una presentación en TV no parece ser un plan ganador.

Las editoriales cuentan con el "efecto vistazo" que tienen las librerías. Los sondeos indican que sólo un tercio de las personas que entran a una librería y salen con un libro entraron realmente con el deseo específico de comprar. "Ese espacio de exhibición en la librería es realmente uno de los lugares más valiosos que existen en este país para comunicarle al consumidor que un libro es importante", dijo Madeline McIntosh, presidenta de ventas en Random House.
Las ventas de libros más viejos que tradicionalmente representaron entre un 30% y un 50% de las ventas de una editorial grande promedio ­se verían terriblemente afectadas.

Para Carolyn Reidy, presidenta y directora ejecutiva de Simon & Schuster, el mayor reto es, en primer lugar, darle a la gente una razón para entrar en las librerías Barnes & Noble.

"Ya se les ocurrió cómo usar la librería para vender libros electrónicos", dijo refiriéndose a la empresa.

"Ahora, esperemos que se les ocurra cómo cerrar el círculo y hacer que los libros electrónicos vendan libros impresos".

Bezos, por su parte, no pierde el tiempo. Amazon acaba de lanzar su propia editorial. Y, cada día, el mercado de acciones aporta el recordatorio aleccionador de que es Bezos, no Lynch, quien tiene los bolsillos más profundos.

John Sargent, máximo responsable ejecutivo de Macmillan, dijo que esto no tiene que ver solamente con las editoriales.

Para él, "Cualquiera que sea autor, editor, o que se gane la vida distribuyendo propiedad intelectual en forma de libro se ve seriamente afectado si Barnes & Noble no prospera".
POR JULIE BOSMAN - The New York Times

6 feb. 2012

HACIENDO AMIGOS ENTRE LOS INTERNAUTAS


Leo en P2, un estupendo panfletillo promocional que saca la editorial Turner, que las librerías fueron las únicas tiendas que se salvaron de los saqueos en las revueltas de Londres. Me gustaría creer que es una muestra de la consideración que la sociedad tiene por la cultura, un poco como si las librerías participaran de ese respeto antiguo y casi sagrado que han gozado las grandes bibliotecas de la Historia, centros neurálgicos del pensamiento del mundo. Y aquí podemos citar la biblioteca de Pérgamo, el Serapeo o la gran biblioteca de Alejandría, y entre unas cosas y otras el párrafo nos queda la mar de apañado.

Lo malo es que esta explicación resulta muy poco creíble. Me temo que, si no saquearon las librerías, fue porque los libros son los únicos bienes de consumo que realmente no constituyen un objeto de deseo popular. Para qué nos vamos a engañar: de todos es sabido que nadie se molesta en robar un libro. O sea, sí los roban de los anaqueles de las librerías, yo creo que más por cleptomanía y por divertimento que por otra cosa; pero, fuera de ahí, no se los lleva nadie. Tú puedes dejar un coche lleno de libros a la vista, en la barriada más peligrosa y debajo de una farola sin luz, y cuando regreses a la mañana siguiente, las ventanillas de todos los coches adyacentes estarán reventadas por los rateros, pero las tuyas no. Vamos, que yo creo que dejar diseminados puñados de libros por el asiento posterior de un vehículo puede ser incluso un estupendo sistema antirrobos.

Todo esto encierra más sustancia de lo que parece, porque viene a evidenciar que la cultura importa un pito, y que, dentro de la cultura, los libros son lo menos de lo menos, algo deleznable que el mundo no valora en absoluto. Y cuando hablamos de libros, claro, estamos hablando de los contenidos. El desprecio por el escritor, por el creador, es algo antiquísimo. Durante siglos el artista ha sido un bufón de la corte, un adorno para el mecenas; sólo en los últimos ciento y pico años ha podido ir ocupando un lugar propio, que tampoco ha sido ni tenía que ser un gran lugar, porque escribir (como también pintar o componer) es un oficio como cualquier otro. Pero justamente por eso podemos reivindicar el mismo respeto que los demás trabajos.

Y el caso es que esa breve etapa de independencia y reconocimiento profesional está desapareciendo a marchas forzadas. O, como diría Groucho Marx, hemos salido de pobres para alcanzar la más completa miseria. La revolución tecnológica, de la que, por cierto, soy completamente partidaria y adicta, está cambiando para siempre las formas de difusión y adquisición de los bienes culturales. A decir verdad, nos ha pillado a todos tan de improviso que no creo que lo estemos sabiendo hacer muy bien: pienso que, en España, editoriales, autores y libreros estamos siendo muy lentos; los libros digitales son demasiado caros; resulta inconcebible que el libro de papel tenga un 4% de IVA y el e-book un 18%... Hay que cambiar los modos de trabajar, de comprar y vender, de eso no cabe duda. Y habrá que hablar mucho y muy en serio y encontrar acuerdos. En fin, no es hoy mi intención ponerme a discutir sesudamente sobre la propiedad intelectual. Puede que la ley Sinde y todavía más la SOPA de Estados Unidos tengan agujeros y errores, y, por supuesto, todo puede mejorarse. Pero que se necesitan leyes antipiratería es algo evidente. Los defensores del "todogratis" acusan a sus oponentes de inmovilismo y desde luego hay más de uno en el campo cultural que no quiere cambiar nada, lo cual es una pretensión obsoleta e inútil. Pero, con perdón de los ardientes partidarios de las descargas libres, a menudo veo en ellos un inmovilismo igual o peor: el de quienes creen que tienen absolutamente toda la razón y ni se molestan en escuchar al contrario. En fin, me temo que este artículo me va a granjear unas cuantas tirrias, desde luego.

Somos el país que más piratea del mundo occidental, un récord penoso que creo que tiene su origen, al menos en parte, en la falta de cultura social y colectiva de nuestro país, en la nula valoración de lo común, en nuestra dificultad para respetar al prójimo y nuestro individualismo exacerbado. Ya se sabe que, en España, la imagen del pirata siempre ha sido considerada, con aniñada frivolidad, como un símbolo progresista: nos encantan los corsarios que (supuestamente) roban a los ricos y los Dionis que roban a los bancos. Con esa misma ligereza se extiende hoy como una mancha de aceite la jaranera reivindicación del "todogratis" como si fuera una opción revolucionaria. Yo creo, en cambio, que no es más que la viejísima y conocida suspicacia ante el artista, un prejuicio retrógrado. No me queda mucho espacio en el artículo, así que apuntaré sólo tres cosas. Una: qué extraordinario que ese "todogratis" se refiera sólo a los contenidos, a los productos creativos. Quiero decir que los fieros piratas electrónicos que se bajan por el morro todas las películas, las canciones y los libros, pagan sin embargo como corderos sus ordenadores o la conexión de ADSL. Dos: los músicos pueden ganarse la vida haciendo conciertos, pero ¿y un novelista? ¿Dando conferencias? Eso no tiene absolutamente nada que ver con la ficción, y si no tiene tiempo para encerrarse en soledad y escribir, acabará enmudeciendo. Y tres: una frase que leí en el portal de Menéame: "¡Es que estos artistas quieren pasárselo bien haciendo lo que hacen y que encima les paguen!". Nos ha fastidiado: y los médicos, y los carpinteros, y los relojeros, y los informáticos, y los vendedores de las tiendas Zara. Qué desconsuelo.

ROSA MONTERO. EL PAÍS 5 DE FEBRERO DE 2012